La conducta del
hombre debe adecuarse a los valores de la comunidad a la que pertenece, sin
embargo, cuanto más avanzada es una sociedad, más variedades de normas de
comportamiento son aceptadas por la sociedad misma. Sin intención
de especulaciones conceptuales de alto vuelo filosófico sobre lo que representa
la Ética, sí debo
comentar que, esencialmente, involucra la responsabilidad de nuestras acciones
en el comportamiento integral frente a los demás seres humanos y el medio
ambiente, haciéndola extensiva a la previsión para una buena vida de las
generaciones futuras. Conforme a tal criterio, comenzaremos por nuestras
actuaciones frente a nosotros mismos, las cuales debemos orientar hacia un
comportamiento digno, que conlleva el cuidado de nuestra personalidad integral,
con un cuerpo limpio y sano, física y espiritualmente. La ética personal,
frente a los demás seres humanos nos obliga a ser respetuosos, generosos,
nobles, considerados y justos; independiente de la edad, raza, sexo o posición
social de los demás individuos, conlleva el compromiso ineludible de prestar
ayuda física o espiritual a quien lo necesite. En virtud de la estructura
económica que soporta todas las súper estructuras sociales, el individuo debe
tener presente siempre el comportamiento ético, que es, esencialmente, natural
y de especie. Un miembro de pareja, hijo o padre, no debe olvidar que sus actos
reflejarán en su entorno íntimo la misma medida de su comportamiento; si es
positivo y beneficioso, esa será la reacción, pero sí lo es negativo o
perjudicial, lo mismo recibirá de sus allegados. Quienes cumplen labores
en la sociedad, ya sean orientadores, ministros religiosos, funcionarios públicos,
profesionales, artesanos, empleados u obreros, requieren para el
ejercicio eficaz de sus actividades, un comportamiento ético. Si alguno
de ellos desatiende esta necesidad, el aparato social se desequilibra. Si
mantenemos un comportamiento ético, haremos un mundo mejor para nosotros y para
quienes nos seguirán. Actuar con ética es responder a nuestro origen divino.
Esa debería ser la regla, no la excepción. De alguna manera, fue eso lo que
quiso decir Jesús cuando nos impuso su mandamiento “Ama a tu prójimo tomo a ti mismo.”
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