Desde nuestro punto de vista, desde la óptica de los seres humanos, nada es más importante que ser humano. Juzgamos como un indudable progreso moral la captación de la importancia de ser humano. Para nosotros, uno de los mayores avances morales de la humanidad consiste en percatarse de que un hombre o una mujer es un ser humano y debe tratarse como tal, antes que cualquier otra consideración, antes que griego o bárbaro, judío o gentil, rico o pobre, listo o tonto, blanco o negro, enemigo o amigo. Por eso, podemos entender sin demasiadas explicaciones, la exclamación de Wendell Holmes que llegó a convertirse en uno de los lemas anti esclavistas fundamentales en la guerra de Secesión americana: "un hombre es un hombre, es un hombre". De este modo, en el plano de nuestras prácticas morales, de lo que los occidentales del siglo XX consideramos de hecho que es bueno o malo, la propiedad "ser un ser humano" goza de una importancia fundamental en la valoración moral de la conducta. Nada hay más importante en ética que el hecho de que algo sea un ser humano.
Las personas no sólo actuamos moralmente, sino que, también reflexionamos sobre nuestro comportamiento o el de los demás, como cuando nos preguntamos ¿debo hacer esto?, ¿he hecho lo correcto?, ¿es justo que…?, etc. Esta inquietud humana por esclarecer su propio comportamiento moral dio lugar a la Ética, una disciplina que nace en la Grecia Clásica, formando parte de la Filosofía, un valioso saber que estudiaras en cursos posteriores. El vocablo Ética viene del griego êthos, que significa “costumbre” o hábito y “carácter” o modo de ser, al igual que el término “moral” en latín, pero aunque coincidan en este aspecto, vamos a considerar a lo largo de este curso a la Ética como el estudio filosófico de la conducta moral, en general, diferenciándola de otros tipos de conducta.
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