La ética es el arte de vivir, el saber vivir, por lo tanto el
arte de discernir lo que nos conviene lo bueno y lo que no nos conviene lo
malo. A tal conclusión se llega por un camino que vemos a
continuación. Se comienza constatando que muchas veces es difícil saber lo que
nos conviene. A veces está claro, pero otras no, porque uno experimenta deseos
contrapuestos, y porque en muchas materias existe desacuerdo entre unas
personas y otras. La libertad, el hecho de que somos dueños de nuestros actos,
es lo que hace posible y necesaria la ética; por la libertad, lo que vaya a ser
nuestra vida depende (al menos en parte) de nosotros mismos. La libertad es lo
que hace posible acertar y equivocarse, la alabanza o el reproche (es decir, la
valoración de la conducta). En definitiva, hace posible y necesario el saber
ético: si no fuéramos libres sería absurdo plantearse cuestiones morales. Los
castores hacen presas, las abejas hacen celdillas hexagonales y las termitas
blancas mueren para defender a sus compañeras que construyen la colmena. En
representación de los humanos resulta escogido Héctor, que sale a enfrentar a
Aquiles en defensa de su ciudad y sabiendo que con toda probabilidad va a
morir. La diferencia entre Héctor y las termitas está en la libertad.
Trascender la ética como reflexión teórica y convertirla en práctica es imprescindible. Los profesores de ética lo único que hacemos es facilitar el acceso a obras, temas, formas de controversia. Aunque no existiéramos los profesores de ética, ésta seguiría existiendo, y la necesidad de aplicar criterios éticos y de reflexionar sobre lo que es mejor para vivir seguiría existiendo. La pregunta de la ética es cómo vivir. De modo que la ética académica quedará más o menos encerrada en los círculos profesorales académicos; pero la ética vivida, la respuesta a cómo vivir, esa pregunta se la hace incluso quien no tiene la menor idea de qué significa la palabra ética.
Trascender la ética como reflexión teórica y convertirla en práctica es imprescindible. Los profesores de ética lo único que hacemos es facilitar el acceso a obras, temas, formas de controversia. Aunque no existiéramos los profesores de ética, ésta seguiría existiendo, y la necesidad de aplicar criterios éticos y de reflexionar sobre lo que es mejor para vivir seguiría existiendo. La pregunta de la ética es cómo vivir. De modo que la ética académica quedará más o menos encerrada en los círculos profesorales académicos; pero la ética vivida, la respuesta a cómo vivir, esa pregunta se la hace incluso quien no tiene la menor idea de qué significa la palabra ética.
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